Atontado por el medicamento que la doctora familiar me había recetado (ósea mi madre) para mi gripe me decidí a salir a buscar algo de acción, en fin siempre había sido un niño temerario (no solo por el gusto hacia el grupo musical, sino por aquellas tardes asoleadas patinando sin casco sobre la acera del parque de mi casa, esa acera media menos de 5 cm, entonces contaba como patinar equilibradamente para no partirme lo poco que me quedaba de madre).
Caminaba hacia la tienda de rosita, esa bella señora que se escondía tras 2 kilos de maquillaje, sus 55 años de edad y 70 kilos de sobrepeso
- Hola doña rosita
- Hola
- Me puede dar mis cigarros de siempre
- Hoy no tengo de chocolate amargo, solo normal
- No importa doña rosita démelos de todos modos
Aún así nunca me terminaba un solo cigarro influenciado por esa película (de la cual no recuerdo su nombre) donde el actor principal dejaba siempre medio cigarro, yo hacia lo mismo, aunque después terminaba regresando por la otra mitad, sentía que me daba cierto cache, a las niñas les encantaba.
Fue en el momento de tomar mi coca-cola (aumente el “–cola” para que Gobernación no me censure el post por incitarlos a drogarse (si lo hacen no es mi pedo (así como el que yo lo haga tampoco es el suyo (la verdad quería ver cuantos paréntesis podía poner, sigamos (vuelvan a leerlo sin los paréntesis para que no se pierdan como yo ya lo hice))))) cuando ella llego, una rubia hermosa, su cabellera se movía con el violento aire que le pegaba en su hermoso rostro y fue en ese momento cuando se partió la madre con la coladera abierta, esa coladera, “deberían cerrarla” ya habían dicho en la junta de vecinos que mi madre me llevo casi a rastras, nadie había hecho caso. Fui y recogí a la futura madre de mi Max Steel
-Are you ok? –le hable en ingles porque pensaba que una rubia de su estilo seguro era gringa
- ¿Qué?
Resulto que de gringa no tenía ni los tenis
- Que si estas bien
- Si claro
Fue entonces cuando recordé de donde la conocía, ella era hija del carbón que había atropellado a mi perro Clemencio.
Clemencio realmente había muerto por culpa de mi hermano que dejo de darle su medicina después de la operación, pero mi hermano apenas tenia 2 años y no comprendía la gravedad de sus actos, así que el siguiente culpable en la lista era el veterinario, que tampoco le importaba mucho mi perro y mucho menos mis miradas asesinas, así que el era el tercero y ahora principal responsable de este atroz acto que había marcado mi vida DE POR VIDA
Ese día decidí enamorarla hasta que me regalara sus muñecas o su bicicleta, lo que sucediera primero, mi plan era perfecto a pesar de la premura para planearlo, la enamoraría, me regalaría lo mas preciado para ella (aun faltaba descubrirlo aunque las muñecas o las bicicletas son cosas muy preciadas por las niñas) y ese día arrojaría a la avenida tlahuac ese regalo y vería como lloraría DESTROZADA
Continuara…